03 diciembre 2013

Juez y parte (2 de 3)

   Al ver en el orden del día que el tercer juicio de la mañana sería de un desahucio, Miguel Ángel ya se puso nervioso, hasta el punto de descubrirse a si mismo abstraído completamente en sus pensamientos mientras el acusado del primer juicio, un ratero de poca monta que había robado una bici, era preguntado por su abogado.
  - Un momento, por favor – interrumpió al acusado – ¿podría repetir la pregunta abogado?
  - Si, señoría. Preguntaba si el acusado fue agredido por el denunciante en los días posteriores a los hechos. - cuestionó el abogado.
   El juicio continuó con normalidad sin que el juez volviese a perder el hilo. Después de un breve descanso, Miguel Ángel volvió al trabajo con el segundo litigio, en este caso se trataba de un Licenciado Informático que había entrado en las redes wi-fi de sus vecinos, para sustraer fotos privadas de éstos y en algunos casos haciendo compras cargando el pago a estos mismos vecinos.
   El acusado era un veinteañero casi imberbe y con gafas, con aspecto de no salir nunca de casa viendo la palidez de su piel. A juzgar por la manera que tenía el acusado de morderse las uñas y de frotarse las manos una y otra vez, Miguel Ángel dedujo que no esperaba ese desenlace cuando empezó a comprar relojes en internet en nombre de otra persona. Finalmente, el magistrado dictó sentencia. Roberto Cabrera, que así se llamaba el acusado, era condenado a realizar las devoluciones de los productos comprados, devolver multiplicado por tres lo estafado a cada uno de los afectados, además de dar soporte informático a sus vecinos para ayudarles a proteger sus redes inalámbricas para evitar futuras vulneraciones por parte de terceras personas.
   Antes del tercer contencioso, Miguel Ángel impuso un descanso de una hora, el sudor de sus manos le decía que sería un juicio tenso por su parte y necesitaba tiempo para relajarse. Dentro del juzgado no era el mejor sitio. Colgó la toga, salió del edificio y fue al bar más cercano. Estaba lleno de letrados con sus clientes. Tampoco era el mejor sitio para desconectar pero el bullicio del sitio le serviría para evadirse. Pidió un café al camarero y abrió el periódico para ojear los titulares. En la cuarta página un anuncio a todo color le llamó la atención, era de un gran almacén que presumía de vender todos sus productos con conexión a redes inalámbricas: tablets, portátiles, smartphones, televisiones, hasta una báscula típica de baño. Esto le recordó al chico del último juicio, el acusado había hecho alusión al mensaje de la tienda hacía apenas unas horas.
   - Ahora mismo, todos los aparatos tienen conexión a internet y redes wifi. Es muy fácil conectarse a una casi por error. En cualquier sitio que rastrees hay una red, un restaurante, una tienda, un banco cualquiera, el ayuntamiento, incluso este juzgado tendrá una red wi-fi. Y es muy sencillo acceder a ellas, en internet hay muchos programas para saltarse los filtros - argumentaba el muchacho para intentar defenderse.
   Miguel Ángel sacó su teléfono y activó la búsqueda de redes en su móvil. En segundos le aparecieron cinco. El acusado tenía razón, el bar tenía una red, y el juzgado también, aunque la señal llegaba muy débil. ¿Sería tan fácil conectarse como decía? A él la verdad es que no le había supuesto mucho esfuerzo, pero ¿para qué querría alguien conectarse si no es para hacer algo fraudulento? Es evidente que el que se salta la normas es para hacer algo malo. Saltarse la red de su vecino para ingresarle dinero en la cuenta porque sabe que no tiene para cambiar las ruedas del coche no lo hace nadie.
   - Perdone, ¿me deja el periódico? - le solicitó alguien a su lado sacándole de sus pensamientos.
   - Eh, ah, sí, perdone. - le entregó el periódico y miró la hora. Ya había pasado el tiempo de receso que el mismo había marcado. Dejó el dinero en la barra y salió corriendo hacia el juzgado.
   Como esperaba, el juicio por desahucio fue bronco, no solo por el tema que se trataba sino porque el abogado de la defensa había llevado de público a los más allegados de la familia para intentar influenciar. Lo estaba consiguiendo, a juzgar por el estado de nervios que le estaba poniendo al juez ver a los nietos del matrimonio que podrían quedar en la calle si el abogado no encontraba algún error de forma en el proceso llevado a cabo por el banco.
   - Se suspende el juicio hasta nueva fecha – dijo Miguel Ángel cuando ya no podía aguantar más la situación.
   Los abogados de ambas partes intentaron protestar sin éxito, pero el juez ya no estaba en la sala para escucharles.
   - No me encuentro bien, me voy a casa. No me pase llamadas si no es estrictamente necesario – le dijo a su secretaria.

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