El pasado 27 de Noviembre, se premió con 500 euros el relato "Tigre" de Ángel Collado Mateo, correspondiente al XXII Certamen de Poesía y Narrativa María Fuentetaja.
En este concurso nos presentamo 230 escritores y escritoras en la categoria de Narrativa.
No he podido leer el relato ganador, pero aqui os dejo la primera parte del que yo presente, titulado:
Juez y parte (1 de 3)
Desde
que en clase de religión, el padre Cuadrado le hablase de Salomón y
de como en un juicio quiso partir en dos a un niño para repartirlo
entre dos mujeres que reclamaban su maternidad, Miguel Ángel, había
querido ser juez.
En
clase, siempre que dos compañeros tenían un conflicto, Miguel Ángel
acudía presto a impartir justicia. Eran contadas las veces en las
que tenía éxito y no terminaba cobrando de los dos contendientes
por meterse donde nadie le había invitado. A medida que fue
creciendo, fue aprendiendo la lección y solo daba su opinión
judicial cuando alguien se la reclamaba, y ya en los años finales de
instituto eran muchos los compañeros que solicitaban su ayuda cuando
tenían algún problema, incluso muchos padres de compañeros
utilizaban sus servicios para reclamar alguna multa o resolver dudas
sobre la comunidad de vecinos.
La
carrera de Derecho la sacó con relativa facilidad, lo que le dejaba
el tiempo justo para trabajar en una notaría. Cuando terminó la
carrera, coincidiendo con la jubilación de una compañera, le
ofrecieron el puesto vacante, pero Miguel Ángel tenía claro que no
era ese su futuro. Unos meses después, dejó el trabajo para
centrarse definitivamente en su objetivo, ser juez.
Después
de cinco años estudiando y dos convocatorias perdidas, consiguió
ser Funcionario del Estado y tras dos años más en la Escuela de
Práctica Judicial, Miguel Ángel era Juez de primera instancia en un
pueblo de sesenta mil habitantes.
Estaba
seguro que en su juzgado no se encontraría nunca con dos mujeres
pugnando por la maternidad de un recién nacido, pero era lo que
siempre había querido, impartir justicia y decidir sobre el futuro
de la gente de la manera más imparcial posible.
Tras
varios años ejerciendo, había aprendido a olvidarse de todo al
colgar la toga. Eran muchas las horas que tenía que dedicar en casa
a repasar una y otra vez cada caso pero con el paso del tiempo había
conseguido no tomárselo como algo personal. Los casos de los que no
podía olvidarse tan fácilmente eran los relacionados con
desahucios. Redactar la sentencia para echar a alguien de su casa en
favor de un banco era algo que le dejaba días con mal cuerpo.
(mañana la segunda parte)
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