03 diciembre 2013

Certamen María Fuentetaja

  El pasado 27 de Noviembre, se premió con 500 euros el relato "Tigre" de Ángel Collado Mateo, correspondiente al XXII Certamen de Poesía y Narrativa María Fuentetaja. 
  En este concurso nos presentamo 230 escritores y escritoras en la categoria de Narrativa.
  No he podido leer el relato ganador, pero aqui os dejo la primera parte del que yo presente, titulado:

Juez y parte (1 de 3)

    Desde que en clase de religión, el padre Cuadrado le hablase de Salomón y de como en un juicio quiso partir en dos a un niño para repartirlo entre dos mujeres que reclamaban su maternidad, Miguel Ángel, había querido ser juez.
    En clase, siempre que dos compañeros tenían un conflicto, Miguel Ángel acudía presto a impartir justicia. Eran contadas las veces en las que tenía éxito y no terminaba cobrando de los dos contendientes por meterse donde nadie le había invitado. A medida que fue creciendo, fue aprendiendo la lección y solo daba su opinión judicial cuando alguien se la reclamaba, y ya en los años finales de instituto eran muchos los compañeros que solicitaban su ayuda cuando tenían algún problema, incluso muchos padres de compañeros utilizaban sus servicios para reclamar alguna multa o resolver dudas sobre la comunidad de vecinos.
    La carrera de Derecho la sacó con relativa facilidad, lo que le dejaba el tiempo justo para trabajar en una notaría. Cuando terminó la carrera, coincidiendo con la jubilación de una compañera, le ofrecieron el puesto vacante, pero Miguel Ángel tenía claro que no era ese su futuro. Unos meses después, dejó el trabajo para centrarse definitivamente en su objetivo, ser juez.
  Después de cinco años estudiando y dos convocatorias perdidas, consiguió ser Funcionario del Estado y tras dos años más en la Escuela de Práctica Judicial, Miguel Ángel era Juez de primera instancia en un pueblo de sesenta mil habitantes.
    Estaba seguro que en su juzgado no se encontraría nunca con dos mujeres pugnando por la maternidad de un recién nacido, pero era lo que siempre había querido, impartir justicia y decidir sobre el futuro de la gente de la manera más imparcial posible.
    Tras varios años ejerciendo, había aprendido a olvidarse de todo al colgar la toga. Eran muchas las horas que tenía que dedicar en casa a repasar una y otra vez cada caso pero con el paso del tiempo había conseguido no tomárselo como algo personal. Los casos de los que no podía olvidarse tan fácilmente eran los relacionados con desahucios. Redactar la sentencia para echar a alguien de su casa en favor de un banco era algo que le dejaba días con mal cuerpo.

(mañana la segunda parte)

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